Nunca imaginaron que después de la gestación comenzaría la cuenta regresiva hasta la desarticulación final. Los deslumbro el neón de los escaparates y el sonido de la electrónica. Se les olvido el vivir y la anatomía; el ruido de fondo que prevalece contra la monotonía y el hartazgo. Envejecieron en una nube, oxidados hasta los átomos y con el miedo recurrente de encontrar su propia muerte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario