Para que las vivencias no queden confinadas bajo la piel he de romper la barrera del sonido, me sobrepondré a toda conjetura. Resistiré los inclementes vientos de Agosto, el mar enfurecido que arroja la resaca sobre arena movediza.
Convocaré todas mis fuerzas para aferrarme con ganas a los recuerdos; cruzaré un poco más allá del arco iris para visitar la nostalgia y otras tierras inhóspitas de la memoria. Omitiré el paso de los años y el trajín pegado a los huesos. Reconoceré abiertamente todos los ámbitos existentes sin barreras o geografías que limiten la imaginación. Seré nuevamente el niño travieso de la primera infancia y con su arrojo edificaré atropelladamente otra vida.
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