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  • La sociedad de los poetas muertos

lunes, 20 de febrero de 2012

Homenaje Uno.

                                                     Fotografía de Alan Shapiro
De aquellos recuerdos solo quedan nubarrones y uno que otro destello de lucidez, de la alegría de infancia solo una máscara, informe, como un trozo de barro humedecido. En setenta años doña Lucrecia no capitula, ni da tregua a sus rutinas. Mutilada hasta lo recóndito, vibra con la expectativa del mañana; siente la canción que tararea como en sus mejores tardes. Inmensa, toda llena de esa cosa indescriptible que llamamos vida. Indómita y vencida a la vez; minada por la enfermedad que corrompe sus tejidos, desgasta la piel y roba los mejores minutos al calendario. Cansada después de una brega que se ha prolongado por años, por hijos y nietos que hoy corretean por corredores de chambrana.
De aquellos recuerdos recuerdos solo quedan nubarrones y uno que otro destello de lucidez, pero hay algo que la conmueve y la hace vibrar: el recuerdo de haber vivido.

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