
Después de muchos años y de persistentes maniobras libidinosas; de aguerridos sometimientos y explosiones atómicas. Luego de mucha piel, de demasiadas palabras pisoteadas en la batalla; el General Gonzáles exhibe hoy orgulloso el único trofeo de guerra enquistado en la memoria: El bonsái de su sexo.
1 comentario:
muy bacano
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